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¿Ansiedad? No, gracias

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¿Qué ocurriría si de repente en la habitación donde te encuentras, entrara un gran tigre?

Seguramente  harías todo lo posible por huir, escapar de esa habitación, te bloquearías o te defenderías. Estas son las reacciones que podrías tener porque tu cuerpo y tu mente están preparados para reaccionar de alguna de estas maneras.

Tu cuerpo se activa para que entres en modo “supervivencia”.  El corazón se acelera, sudas más, la respiración se agita, te mueves con mayor rapidez, tus músculos se preparan para la acción y hay funciones de tu cuerpo que no son prioritarias y en ese momento dejan de funcionar, como por ejemplo, la digestión. De ese modo, toda la energía está dedicada a lo imprescindible para salir de esa situación con vida.

Visto de esta forma, podemos decir que nuestro cuerpo es nuestro aliado en momentos de urgencia, peligro o en aquellos momentos en los que debemos reaccionar con mayor rapidez. Tu sistema nervioso se activa y provoca todos estos síntomas. 

Pero también puede ser nuestro enemigo si no conseguimos controlar estas reacciones naturales e innatas que nuestra mente genera ante las distintas situaciones de la vida.

El on / off humano y la necesidad de desconectar.

Todos los humanos, a lo largo del día, nos “conectamos” para hacer nuestras actividades y nos “desconectamos” para descansar o estar ociosos.

Conectarse significa el estado en el que estamos en el día a día, donde lidiamos con trabajo, obligaciones, prisas, conflictos personales o con otras personas, trabajo, familia…

Desconectarse significa parar toda esa actividad, tanto en cuerpo como en mente.

La ansiedad surge cuando no nos desconectamos, cuando siempre estamos conectados a la corriente del día a día y no tenemos espacio para el descanso físico ni mental. Estas tareas producen estrés. El estrés es acumulativo y si esta situación de no desconexión se prolonga mucho tiempo, puede surgir la ansiedad. 

Pero nos gustaría aclararte que la ansiedad en sí misma no siempre es negativa, ya que la ansiedad es el estado previo a la acción ¿recuerdas el tigre que entraba en tu habitación? Pues la ansiedad es la que predispondrá tu cuerpo a iniciar la acción más adecuada, huida, bloqueo o defensa.

El problema de la ansiedad es cuando el tigre sólo existe en tu mente, generada por pensamientos normalmente derrotistas sobre el pasado o sobre el futuro de los que se quiere escapar y no se encuentra el modo de hacerlo. ¿Qué pasará con este problema?, ¿Qué haré con esto y aquello?, ¿Y ahora qué voy a hacer?… El miedo a qué sucederá en el futuro y algunos recuerdos negativos del pasado pueden generar en las personas propensas a la ansiedad pensamientos negativos, de miedo, incertidumbre, preocupación y malestar que pueden terminar en una ansiedad a distintos niveles, desde leve hasta grave.

Si continuamente estás pensando en situaciones que te crean estrés, estás activando tu “alarma mental” de la que te hablábamos al inicio de este post y estás dando a tu cuerpo el mensaje de activarse.

Por lo tanto, para que puedas huir de esa situación imaginaria que te estás creando, tu cuerpo se activa de la misma forma que si la emergencia fuera real, (taquicardia o ritmo acelerado, respiración entrecortada, malestar digestivo, sudoración, tensión muscular, sensación de mareo por el rápido ritmo cardíaco, etc.).

Es decir, nuestros pensamientos negativos, miedos y preocupaciones hacia el futuro y recuerdos traumáticos del pasado activan una ansiedad continua y agotadora ya que es un estado que puntualmente puede salvarnos la vida, pero que si se convierte en prolongado, puede hundirnos.

Claves para vencer la ansiedad

Pero puedes cambiar este hecho si quieres. ¿Cómo? Muy fácil, te vamos a dar 4 claves fundamentales para que puedas decir adiós a la ansiedad. 

Primera Clave: VIVE EL PRESENTE. 

Muchas veces se nos aconseja que vivamos en el presente, que nos concentremos y disfrutemos de cada momento y de las pequeñas cosas de la vida, pero ¿qué es vivir en el presente? y lo más importante, ¿cómo se hace?

Toma conciencia de tu entorno y de tu presencia en él, hazte estas preguntas y sitúate en tu presente, que es justo ese instante: 

  • ¿Cómo es el ambiente que te rodea? Presta atención al espacio en que te encuentras, a las personas que hay a tu alrededor, a la iluminación, a los colores. ¿Hay ruido? ¿Qué temperatura hace? 
  • ¿Qué estás imaginando, anticipando o planificando en este momento? ¿Qué te preocupa? ¿Estás realmente en el ahora o estás en el pasado o en el futuro? 
  • Fíjate en tu cuerpo; ¿estás cómodo o incómodo? ¿Qué partes de tu cuerpo están en contacto con el medio que te rodea? ¿Qué emoción predomina en ti? ¿Sientes algún dolor? Concéntrate en tu respiración y en los latidos de tu corazón. ¿Qué sensaciones tienes? 

Segunda Clave. HUYE DE LOS PENSAMIENTOS NEGATIVOS. 

Para ello te proponemos un ejercicio muy sencillo. Cuando tu mente comience a hablar en negativo, escúchate, y di en voz alta:

¡PARA!

Una vez frenada tu mente, convierte todo eso que está negativamente en tus pensamientos pero ahora en positivo. A esto se le llama “Equilibrar los pensamientos”.

Un ejemplo: – si te encuentras diciéndote que no eres capaz de hacer algo, para y cuéntate a ti mismo o a ti misma que sí puedes lograrlo. Desde por la mañana cuando te despiertes ten el hábito de hablarte en positivo y verás como todo cambia.

Tercera Clave. PRACTICA LA ACEPTACIÓN. 

Aceptarnos es fundamental. Nos aceptamos con nuestras virtudes y con nuestros defectos. Cuando no nos aceptamos, no tenemos autoestima, por lo tanto, no nos queremos.

Hay dos tipos de autoestima, la baja autoestima y alta autoestima. Cuando una persona tiene la autoestima demasiado alta se dice que esa persona puede llegar a creerse superior a los demás, o es una persona prepotente.

Cuando tenemos la autoestima baja es porque nuestro YO real, lo que somos en realidad, está muy alejado de lo que queremos ser, nuestro YO ideal.

Lo ideal es que lo que eres y lo que quieres ser estén de la mano. Acepta tus limitaciones, ensalza tus virtudes y quédate con tu parte positiva.

Para practicar la aceptación es fundamental dejar a un lado los pensamientos derrotistas y vivir el presente con alegría y felicidad. 

Cuarta Clave. DESCONÉCTATE. 

Cualquier persona, como ya hablamos al inicio del post, necesita desconectarse para recuperar energía física y mental y no caer en el estrés o ansiedad.

Independientemente de que seas una persona con movilidad reducida o algún tipo de discapacidad debemos estar atentos también a la necesidad de PARAR y dominar ese frenado mental hacia el precipicio como dominaríamos el frenado de un coche ante tal emergencia, es decir, a nuestra voluntad.

Estas son algunas ideas para desconectar: 

  • Llamar a algún amigo, amiga o familiar para conversar acerca de algo que os interese a los dos
  • Dedicarle un tiempo a un hobby que te llene
  • Escuchar música, ver una película o cualquier otro recurso que te guste
  • Leer un libro de una temática distinta a la que te ocupa en tus pensamientos,
  • Hacer ejercicio físico

La clave es que puedas dedicarle un tiempo a lo que más te guste, pero dedicárselo de verdad. La actividad de ocio que elijas tiene que ocupar por completo tu mente, tienes que sentir el momento y entender que eso es lo que estás viendo, que esa es tu vida y tu presente, sin dejar que los pensamientos preocupantes te invadan, solo entonces te servirá.

La vida activa es como una balanza, si sólo pones la atención en un lado, te desequilibras, en cambio, si tu atención la repartes, te sientes en equilibrio. Esto ayudará a equilibrar tus pensamientos y contribuirá a tu bienestar emocional.

La ansiedad está en la mente y solo tú y desde ella puedes vencerla.

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